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Leyendas varsovianas


Leyenda de la Sirena de Varsovia

Cierto día, a los pies de la escarpa donde hoy se encuentra la Ciudad Vieja, salió del agua una hermosísima sirena con la intención de descansar un poco en la arenosa orilla. Le gustó tanto el lugar que decidió establecerse en él para siempre. Por desgracia, los pescadores de la zona notaron que cuando pescaban alguien agitaba las olas del Vístula, enredaba las redes y liberaba los peces de las nasas. Decidieron capturar al culpable, pero cuando escucharon la bella voz de la sirena desistieron de sus intenciones y se enamoraron sinceramente de la hermosa mujer pez; que desde entonces les amenizó las tardes con su bello canto. Un mal día la sirena fue vista por un rico comerciante que decidió atraparla. Con artimañas logró encerrarla en un cobertizo de madera. El llanto de la sirena fue escuchado por el hijo de un pescador, que la liberó al amparo de la noche y con la ayuda de algunos amigos. En señal de gratitud por haberle salvado la vida, la sirena les prometió que siempre que necesitaran ayuda ella saldría en su defensa. Y desde entonces la sirena de Varsovia, armada con una espada y un escudo, defiende la ciudad y a sus habitantes.




Leyenda de Wars y Sawa

Existen varias leyendas sobre Wars y Sawa (Vars y Sovia), pero en realidad no se sabe realmente de dónde proviene el nombre de la capital. Sólo una cosa es cierta: Wars y Sawa vivían a las orillas del hermosísimo río Vístula, y los orígenes de la ciudad están ligados a la hospitalidad y al buen corazón de estos habitantes del lugar.

He aquí dos de las versiones de la leyenda:

Cierto día el rey Casimiro el Restaurador, que viajaba de Cracovia a Gniezno, se detuvo en una pobre cabaña de pescadores. El hambriento rey había sido atraído por el humo y el olor a comida fresca. Mientras saciaban su apetito con los sabrosos peces capturados la noche anterior, el pescador le contó al rey que no hacía mucho había aumentado su familia con la llegada al mundo de dos hermosos gemelos. Pero los pobres pescadores estaban pasando muchos apuros para bautizar a sus criaturas porque no había ninguna iglesia en los alrededores. El rey quiso pagarles con oro por la exquisita comida, pero los pescadores, conforme a la antigua costumbre popular, se negaron a aceptar el pago por su hospitalidad. Entonces el rey les pidió aún otro favor; que le cedieran al honor de ser el padrino de los gemelos, en el bautizo que él mismo organizaría muy pronto. Y ante un altar preparado en una colina, a instancias del rey Casimiro, el sacerdote le dio al niño por nombre Wars y a la niña Sawa. El rey por su parte anunció solemnemente que desde ese día Pietrko Rybak (Pedro el Pescador) tendría por nombre Piotr Wars, rey de los pescadores, padre de Wars y de Sawa, propietario del bosque salvaje de los alrededores; y que cuando se formara un poblado alrededor de las cabañas de los pescadores, se le daría a éste su nombre, el cual llevaría por los siglos de los siglos.

Otra versión de la leyenda cuenta que hace muchos años a las orillas del Vístula se levantaba una pequeña cabaña, y en ella vivían Wars y su esposa Sawa. En cierta ocasión se celebró en la región una cacería durante la cual el príncipe Siemomysł, señor de las tierras de la comarca, se perdió en el espeso bosque. Deambuló mucho tiempo entre los árboles hasta que llegó a la cabaña del pescador, a las orillas del Vístula. Wars y Sawa recibieron al desconocido con hospitalidad. Al amanecer el agradecido príncipe exclamó: “No dudasteis en acoger bajo vuestro techo a un desconocido, y lo salvasteis del hambre y del frío y quizá hasta de los animales salvajes. Por est razón estas tierras llevarán para siempre vuestros nombres (Vars, Sovia), para que nunca sea olvidada vuestra bondad.”

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